Todo llega, aún cuando ni lo esperas – Publicación #02

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Mis padres murieron cuando tenía 8 años y mi custodia la tuvo una tía, que era una prima de mamá y a quién le molestaban mucho los niños. Siempre fui una niña tranquila y silenciosa, así que no le causé mayores problemas. Ella cuidó del dinero que heredé de mis padres y se hizo cargo de mí, hasta que cumplí 18 años.

El banco me entregó la gran cantidad de dinero que me dejaron, pero hasta hoy, no pude siquiera revisar cuánto es lo que tengo en la cuenta. El dinero no llama tanto mi atención como a otros.
Fui una estudiante destacada en la escuela y alcancé un promedio, que me permitió entrar en una buena universidad y estudiar la carrera de administración y marketing.

Le paso una pensión a mi tía cada mes y cada centavo que gano lo guardo. No tengo nada que me genere mayor importancia o en lo que pueda gastar o invertir. No he salido de viaje NUNCA y los novios, NO EXISTEN.

Al ver a muchos con parejas, demostrando su afecto, llama mucho mi atención y no es que les tenga alguna clase de envidia, sino que me hace pensar, ¿eso es lo que yo quiero? Quizás en el fondo sí, pero nunca nadie me ha hecho sentir, eso que dicen todos «mariposas en el estómago», no sé si sea porque en mí, viva otra clase de animal; pero jamás he sentido nada que motive algo diferente en mí interior.

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Capítulo 1: El regreso de vacaciones

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El regreso a la oficina, después de unas cortas vacaciones (donde más que nada veía películas y me ponía al día con algunas series), no era algo que me emocionara tanto. Me gustaba mi trabajo, pero no le encontraba un punto que llamara mi atención por completo.

Al manejar por la autopista “tratando de animarme”, pensaba en qué cosas interesantes podían pasar el día de hoy. Recuerdo que el año pasado algunos chicos hablaban fuertemente de lo genial que habían sido sus días y hoy no creo que sea la excepción. Menos mal, nadie me pregunta nada a mí, ¡esa historia sería corta y muy triste!

Al llegar al estacionamiento, vi el auto de uno de los jefes estacionarse. Dentro de él pude observar a dos personas, uno de ellos mi jefe obviamente y a la otra no la alcance a ver.

Mientras iba por el ascensor, sola para variar, alucinaba de que alguien me preguntaría por mis vacaciones o si me había ido bien, pero tocaba pronto tierra y sabía que eso no pasaría en realidad.

Al llegar al piso de oficinas, todos estaban conversando de sus vacaciones, de dónde fueron y a quiénes conocieron; solo avancé y me dirigí a mi espacio a encender la computadora. Después de unos minutos, tras haber ordenado un poco, mi jefe nos llamó a la sala de juntas para realizar la primera reunión y dar inicio al nuevo año laboral.

Todos nos sentamos y algunos seguían enseñando sus fotos de sus viajes, yo me concentré en ver las historias de algunos de mis amigos virtuales. De un momento a otro, entró mi jefe y nos pidió silenciar los celulares para evitar interrupciones. Al intentar poner en vibrador mi celular bajé la mirada por unos segundos y al alzarla, me quedé atónita.

separdor2-5

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